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BIOGRAFIA DE ASMAHAN (Información sacada de la web www.asmahan.com
y del libro Cuando una árabe escucha la palabra "Asmahan" (sea hombre o mujer), automáticamente piensan en esta cantante, en sus canciones y en su vida. Es considerada por muchos, como una mujer de fuerte carácter que luchó por un sueño romántico: bailar en los brazos de un hombre enamorado que fuera tan romántico como ella, un hombre tierno y cariñoso que tuviera el valor de separarse del grupo y bailar en público con la mujer que amaba. Asmahan era una mujer larguirucha, de pecho pequeño, pelo negro como el azabache y ojos verdes, que a menudo parecía tan absolutamente confusa como exquisitamente elegante; vestía blusas occidentales escotadas y faldas cortas. La leyenda de Asmahan creció aún más después de su muerte, porque había demostrado a las mujeres árabes que una vida deliberadamente regalada, por breve y escandalosa que fuera, era preferible a una vida larga y respetable consagrada a una tradición letárgica. Asmahan cautivó tanto a los hombres como a las mujeres con la idea de que una vida arriesgada en la que no importaban el éxito ni el fracaso era mucho más gozosa que una vida durmiendo detrás de puertas protectoras. Después del gran éxito que Farid había cosechado en la estación de radio nacional como cantante, el talento de su hermana fue descubierto por Mouhammad Al Qasabji y por Daoud Housni quienes la tomaron bajo su protección y la bautizaron como Asmahan.
Asmahan practicó aquello en lo que creía y acerca de lo cual cantaba. Creía que una mujer podía tener amor y una profesión e insistió en vivir una vida conyugal plena y explorar y exhibir al mismo tiempo sus dotes de actriz y cantante. Su primer esposo, el príncipe Hassan, no lo aceptó y se divorció de ella. Asmahan lo intentó de nuevo, por dos veces; y en ambos casos, sus maridos, magnates ambos de la industria egipcia del espectáculo, accedieron al principio a sus deseos. Pero los dos matrimonios acabaron pronto en sendos divorcios escandalosos; su último marido la persiguió con un revólver, seguido por toda la policía de El Cairo, que intentaba detenerlo. Su enredo final con agentes secretos británicos y franceses, en un intento de impedir la presencia alemana en Oriente Próximo, la convirtieron en un blanco fácil de los ataques moralistas y en víctima indefensa de la explosiva política de la región. Cuando regresó al Líbano, Asmahan pareció encontrar por fin un lugar propio, aunque por poco tiempo. Se la veía hermosa, independiente y feliz. Organizó reuniones importantes en su residencia particular de Beirut y en el Palacio del Rey David en Jerusalén entre el general De Gaulle de Francia y el presidente de Siria y Líbano. En sus eclécticas veladas se reunían nacionalistas árabes y generales europeos de las Fuerzas Aliadas y se mezclaban revolucionarios en ciernes con banqueros.
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